texto ANDREI MALDONADO
“1938: cuando el petróleo fue nuestro” es la más reciente película del cineasta mexicano Sergio Olhovich tras una larga pausa en la dirección de largometrajes que se prolongó por más de 25 años. Ahora, el reconocido director de cintas como “Llovizna” y “El infierno de todos tan temido” regresa con una cinta que aborda una etapa de la historia de México poco retratada por el cine.
La historia se ambienta previo a la expropiación de la industria petrolera por parte del presidente Lázaro Cárdenas, protagonista de la historia, interpretado por Ianis Guerrero. Los acontecimientos subsecuentes son en marco de las negociaciones con las petroleras extranjeras hasta culminar en el decreto de expropiación el 18 de marzo de ese año, respaldado por el pueblo mexicano.
El relato, se nos advierte, modifica algunas fechas y nombres a favor de la historia, agregando personajes ficticios como Alberto Miranda (Sergio Bonilla) y Rosaura (María Penella), así como valiéndose de diversos recursos discursivos, como la voz de locutores que sirven a la vez de narradores y el personaje de Amalia Solórzano adulta (Ofelia Medina) como testigo posterior a los hechos.
Así mismo, se emplea la recreación de las portadas de los diarios de la época y el uso de material original de archivo del presidente Cárdenas, su familia, sus colaboradores y las manifestaciones de apoyo de parte del pueblo. La película sortea también los retos de ambientar un relato de época, con la mayoría de los escenarios controlados y con tomas cerradas.
Si bien es cierto que no elude del todo el problema de convertirse casi en un panfleto digno de los antiguos libros de texto, “1938” refrenda la importancia de contar con documentos fílmicos que, desde la ficción, nos relaten fechas o personajes específicos de la historia, como en su momento hiciera Felipe Cazals con “Su alteza serenísima”, acerca de Antonio López de Santa Ana.
Quizás el único y real problema que tiene “1938: cuando el petróleo fue nuestro” es que no es ajena al paso del tiempo que su director ha sufrido tras años de ausentarse en la dirección. La narrativa, el montaje de escenas, los diálogos y las actuaciones parecieran venir de otra época, poco que ver con la narrativa contemporánea del cine mexicano.
Más allá de eso, “1938: cuando el petróleo fue nuestro” permite a la audiencia moderna conocer un hito en la historia de México: la defensa de la soberanía del país. Porque quizá para las nuevas generaciones la expresión “expropiación petrolera” no signifique mucho. Que al menos sirva de incentivo para que los más jóvenes conozcan esta parte de la historia de la nación.